dimarts, 29 de març de 2016

El affaire Gijón. Género y guerra de sexos


Es posible ser inocente, pero ingenuo no. Lo de la ingenuidad se terminó con el asunto de la serpiente y la manzana, y más concretamente con la escena final, la del dedo que señala y la expulsión del Edén. Sin embargo, existe en el alma humana un imborrable recuerdo edénico, una nostalgia del paraíso. Nada nuevo.

Lo de los festivales literarios es algo que me interesa poco y me preocupa nada. Leo con devoción religiosa a Mary Shelley y a Mikhail Bulgakov, los cuales creo que no acudíeron jamás a Gijón ni a Getafe ni a Tiana. Pero hete aquí que un día de esos vi la polvareda levantada en Gijón por un caso bastante bochornoso. Alguien seleccionó las 20 (o algo así) mejores novelas negras del año 2015 y en la lista no aparece ni un solo título escrito por una escritora. Todos machos y además escritores (es decir, aspirantes a macho Alfa por la vía de la literatura, lo cual es casi enternecedor). Si los confeccionadores de la lista pretendían publicidad para el certamen hay que felicitarles, pues usaron una táctica brillante.

[Bien pensado, escoger la mejor novela del año por votación popular me parece uno de esos usos espúreos de la democracia, y más en un país que vota mayoritariamente al partido más corrupto. Léase por "país" España o Cataluña, cada uno a su gusto: monta tanto Isabel como Fernando, Mariano como Arturo].

El caso ha provocado una cantidad de tinta (especialmente digital) poco común. Más de uno lo califica de escándalo. Entre las opiniones que he leído (que no son muchas), destaco la que aporta David Llorente. Recomiendo mucho la lectura, al margen de cual sea el punto de vista del lector. Por algo será que Llorente es uno de nuestros mejores escritores. Llorente cuenta algo así: que hay que ser muy ingenuo para escandalizarse. En realidad cuenta más cosas y apunta a la etimología del problema, y por eso me gusta.

Durante los años del pelotazo, del festival inmobiliario y de la bacanal bancaria, tuve que escuchar infinidad de veces (y a veces entre insultos) que la guerra de clases estaba abolida, que solo un zoquete nostálgico y/o rompehuevos era capaz de hablar de clases sociales en conflicto. Pero llegó el batacazo y reapareció la guerra por doquier. Y de repente todo era una guerra: el norte contra el sur, el cristiano contra el moro, el rico contra el pobre. Para rematarlo (por si quedaba algún ingenuo) nos llegó la resurrección del nacionalismo áspero y egoísta -que voy a decir, yo, pobre de mi, que vivo en Cataluña-, la xenofobia, el hooliganismo de testuz rapada. Bienvenidos al mundo real.

En ese paisaje de batalla a campo abierto era casi predecible que reapareciera la guerra de sexos con todas sus letras, con toda su crudeza. Quizás lo único que diría es que resulta curioso (o incluso fascinante) que se manifieste en el mundillo más bien soso y soñoliento de la cosa literaria, lleno de aburridos intelectuales de medio pelo. Aún así, diría que esa jarra de agua realista y fría no debería de sorprender (escandalizar) tanto en el submundo de la novela negra. Uno tiende a creer (¡por ingenuo!) que las personas que escriben novela negra son las que menos deberían escandalizarse ante determinados fenómenos sociales. Tiene tela, el asunto. ¿Se imaginan ustedes a Hammet escandalizándose por la cantidad de delincuencia que corre por las calles del Bronx? Pues bien: ahora imagínense a un puñado de escritores españoles (¡de novela negra!) haciendo lo mismo tras descubrir que vivimos en una sociedad machista.

Me limitaré a aportar un dato de mi experiencia profesional. Llevo bastantes años trabajando en la educación primaria. Que es un mundo apabullantemente femenino, por cierto. He visto pasar casi innumerables políticas educativas (siempre novedosas y progresistas) destinadas a promover la igualdad de género. Des de los lejanos tiempos del término "coeducación" se han sucedido cantidad de estrategias, programas piloto, reformas curriculares y etc en el mismo sentido. Hemos hecho de todo y seguimos en ello. No por ingenuos, si no por militantes. Uno no milita jamás por ingenuidad sino por idealismo, que es la expresión espiritual de la rebeldía.

Pero hoy, cuando las niñas se dibujan a sí mismas lo hacen como princesas. Y los niños, como guerreros, en todas sus variantes: Lancelot, Spider Man, Cristiano Ronaldo. Ninguna walkiria, ninguna Amelia Earhart. Ningún peluquero, ni un enfermero, ni un Luther King. Hay excepciones maravillosas, que son maravillosas por excepcionales. Nos agarramos a ellas y tiramos p'alante. Pero sin ingenuidad.

2 comentaris:

  1. Yo, a partir de hoy, callo. El tema ni me va ni me viene y, en cierta medida, David me ha tranquilizado. Por desgracia y eso que tengo ya bastante edad, sigo siendo ingenua. Cada vez menos, eso sí. En fin... ¡Buen artículo!

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    1. Gracias por la comprensión. Lo que cuenta Llorente es, posiblemente, mucho más interesante y además más honesto.

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