dimecres, 9 de març de 2016

Víctor del Árbol, por fin en catalán

Víctor del Árbol en la entrega del premio Nadal por "La víspera de casi todo"

La historia de la cultura escrita está más en deuda con los traductores que con Gutenberg. Sin embargo, el traductor parece olvidado, relegado a una tipografía que divide por tres o más la que se le presta al autor. El nombre del traductor es a menudo invisible, perdido entre créditos y códigos de barras en una página innoble. Como en la ocasión que me ocupa.

¿Qué sería de mis conocimientos literarios, artísticos, antropológicos, esotéricos o historiográficos sin la labor de los traductores? Respuesta fácil: tendría el nivel de un pastorcillo medieval. Es por eso que me sorprendo cuando veo que la última novela de Víctor del Árbol se presenta simultáneamente en catalán y castellano. ¡Un brindis por la traducción, así, por amor a la profesión!

Sin embargo, la sorpresa no se refiere al gesto altocultural. El asunto de veras es el otro, claro.

Me pregunto a qué obedece la traducción.

¿Existe en el mundo un lector que demande la traducción catalana de un autor catalán que escribe en lengua castellana? ¿Hay alguien en el mundo interesado en leer el último premio Nadal y que sólo pueda acceder a él en catalán? ¿Por qué razones podría suceder eso? ¿Se ha traducido alguna vez Juan Marsé a la lengua de Guerau de Liost?

Me devano los sesos y doy con algunas hipótesis:
Hipótesis A: En una zona de la comarca de Osona (la comarca de donde es originario Carles Puigdemont) hay una villa de ávidos lectores de novela negra que desconocen la lengua castellana. 
Hipótesis B: Una asociación de profesores de secundaria soberanistas quiere difundir el amor por la lectura en catalán en institutos de zonas obreras y piensan que la lectura de del Árbol en catalán va a ser una buena estrategia. 
Hipótesis C: En la Universidad de Düsseldorf hay un alumno turco-alemán de Filologia Catalana que está escribiendo la tesis sobre "Narrativa negra catalana durante el proceso secesionista ídem", y le ha mandado una carta a Raül Romeva (Better call Raul) en donde le expone su situación.   
Hipótesis D: la cúpula de la Generalitat que asistió a la entrega de premios del Nadal le exigió a la editorial la inmediata traducción de la novela, amenazando con no presentarse a la comilona de canapés en caso de no tener en cuenta el hecho diferencial y el derecho a decidir y etc. Es posible que esta exigencia fuese acompañada por una declaración solemne parlamentaria, con el apoyo de la CUP.

El asunto es espeso, turbio. La editorial que descubrió a Víctor del Árbol (Alrevés) es una editorial catalana con sede en Barcelona. Nunca se les ocurrió traducirle porqué no dieron con la lógica nacionalcomercialista que lo sugiere.

Sigo con el ejemplo de Carlos Zanón, posiblemente el mejor escritor catalán del género negro. Jamás ha sido traducido al catalán.

El asunto me lleva a pensar de nuevo en una de las paradojas de mi comunidad autónoma (o un país, según algunas voces cada vez más psicofónicas). Es raro y da que pensar: ¿cómo explicamos que la mejor narrativa negra de autores catalanes se produzca en castellano? ¿Hay algo en la lengua catalana que impide, bloquea o minusvalida una literatura negra solvente y convincente? ¿El problema está en la lengua o en la mentalidad del hablante/escribiente?

¿Qué nos diría de todo eso un sociolingüista tranquilo, ponderado y ecuánime (ni guerillero ni patriota de ninguna patria)? ¿La lengua catalana sólo es útil para expresar el bienpensamiento?

En definitiva:

¿Es para disimular un asunto grave que se traduce a Víctor del Árbol? ¿Es para poderle llevar a una mesa redonda sobre novela negra en catalán en 2017?

Hace tan solo unos meses escribí "El cas Víctor del Árbol", sobre la invisibilidad del autor en los medios catalanes, y sobre la circunstancia de que un autor catalán premiado en Francia fuese ninguneado por los medios catalanes. El asunto me llevó a pensar sobre cuestiones endémicas y enquistadas en los prejuicios de la nomenclatura cultural catalana, que insiste en fijarse solamente en los autores de expresión catalana (y a la vez correcta, adecuada a los valores y límites de la mentalidad pequeñoburguesa que impera en Cataluña).

Cuando he conocido la traducción catalana del premio Nadal mis neuronas han entrado en una especie de espiral, parecida al comportamiento de la materia cuando cae en la órbita de un agujero negro de esos que dicen que hay por ahí.

Otro día me pondré a escribir (después de pensar un poco) en si tiene algo que ver con todo este embrollo que del Árbol y Zanón sean personas nacidas y crecidas en suburbios barceloneses y charnegos, como mis escritores catalanes de cabecera, Juan Marsé o Javier Pérez Andújar por citar a dos. 


A ver cuando nos deleitan con las cifras de ventas de "Abans de gairebé tot". Curiosidad sana.

1 comentari:

  1. Molt bona entrada. Tothom ho pensa, però tu ho escrius. És que és de calaix. Jo no llegiré mai una traducció del castellà al català. Tant de bo dominés més idiomes!

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