dijous, 9 de juny de 2016

Requiem por la novela policíaca

[El título del artículo es el subtítulo de "La promesa", la novela policial definitiva de Friedrich Dürrenmatt en la que cuenta porqué no tiene sentido este género narrativo. Admiro a Dürrenmatt por esa contradicción tan fantástica y por el error enorme que cometió, ya que vaticinó el fin de la novela policial. Lo que nos hace grandes son nuestros errores, nuestras contradicciones y nuestros actos vanos, los gestos inútiles]

Nací en Barcelona, en el año 1964.
Cuando era joven, en los 80, podías comprarte una novela de Albert Camus en un kiosko de las Ramblas. Y leer El Víbora en una terraza de la Plaza Real entre quinquis, hippis, anarquistas y vendedores de grifa mezclados con los numismáticos. Si levantabas la mirada podías ver la ventana del piso de Nazario y de Ocaña. Se escuchaba Radio Pica.
Me gustaban más aquellos tiempos que los de hoy.
El ser humano es un ser nostálgico.
Soy de una época en la que no existían los Mossos d'Esquadra y todo el mundo sabía que los polis eran los malos.
Luego llegó la democracia (o el largo y penoso proceso de transición hacia algo parecido a la democracia) y empezaron las confusiones, las metamorfosis y los engaños. Mucha gente se sintió a gusto con los nuevos cuerpos policiales. Algunos incluso aprendieron a amarlos.
Es como si Bram Stocker hubiese escrito un final de Drácula en el cual el vampiro reniega de la aristocracia, abraza la socialdemocracia y la gente le perdona y además le aplaude.
Pero a mi siguen sin gustarme los policías.
Tampoco me gustan las novelas sobre policías, es lógico.

Hablo como el lector que soy la mayor parte del tiempo.

No soy ni comisario político cultural ni editor. Hablo como lector. Aunque a veces me pongo a escribir, pienso que el escritor no es nada más que un lector que interviene en el asunto, y eso es todo. Opino des de mi más estricta incapacidad para influir en otros. Por eso digo lo que pienso de libros, autores y tendencias literarias.

Nunca he dicho qué debe escribirse, o qué no debe escribirse. No se trata de defender la libertad, ya que no creo que eso exista. A la libertad solo la nombran los poderosos, y solo ellos la reivindican.

Uno hace lo que puede, no lo que quiere. Y solo a veces, uno hace lo que debe.

Pero vamos a suponer que existe la libertad creativa. En ese caso, que cada uno escriba lo que quiera.

Hace casi un año publiqué una novela ("Besòs Mar") con un protagonista policía. Mi tesis en este texto, la pregunta que mueve el aparato narrativo, es esta:
¿puede ser más culpable el policía perseguidor que el criminal perseguido?

Es en este sentido en el único en que me interesa el asunto del policía.
Aún así, soy capaz de apreciar una novela policial inteligente y bien escrita. Hay pocas, pero haberlas haylas.

Es completamente cierto (porque es comprobable empíricamente) que hoy en día hay una cantidad enorme de literatura policial, procedimental. Todo lo que puedo decir sobre la literatura policial y procedimental es mi opinión como lector. Y mi opinión es que este género no me interesa, igual como no me interesan los libros de autoayuda o las novelas de capa y espada.

Y creo que, habiendo dicho esto, no tengo nada más que decir sobre el asunto. Aunque estaré encantado de debatirlo con quien quiera. Gracias y saludos afectuosos.


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