diumenge, 25 de novembre de 2018

Bennassar en el Hotel Metropole

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He estado algunas veces en Lisboa. Cuatro. Una de ellas fue un proyecto frustrado, pero soñé que iba, así que la cuento. Siempre como turista o como viajero: no sabría precisar cual de las dos categorías detesto más. Me hubiese gustado vivir en Lisboa, por un tiempo largo a ser posible. Quizás me jubile en esta ciudad, si todo anda bien. Vivir en Lisboa hasta olvidarme de haber nacido en la triste y ensimismada Cataluña, esa patria que solo quiere a unos cuantos y procura echar a los demás. Lisboa parece lo opuesto a Cataluña: es una ciudad abierta, algo dejada, decadente, tolerante, leve. Nadie se imagina a un Torra en el poder, en Lisboa.

Sebastià Bennassar suma ya más de 30 títulos publicados, aunque para llegar a esta cifra se deban contabilizar los libros de autores varios (colectivos) o los libros en los que consta como editor. Sea como sea, 30 títulos son muchos para un autor de 42 años. La contención no es lo suyo. A Marx le bastó con un solo manifiesto. A Mateo, con un Evangelio breve. A Moisés, con diez frases. A Tolstoi, con una sola frase (seguida de mil páginas, es cierto, pero ninguna de las mil dice nada que no estuviese en la frase incial). Bennasar es expansivo con su pluma y con su verbo. Uno diría que no desaprovecha ninguna idea que se asoma a su cabeza. Y, sin embargo, uno sigue esperando la novela de Bennasar. La novela de Bennasar llegará, lo prometo. Es decir, lo intuyo.

Bennasar es el único escritor en catalán que conozco, aunque en realidad es un escritor mallorquín. El único que vive de su escritura, lo que le hace escritor de veras. Mallorquín y pancatalanista, una de esas personas que creen en la existencia de una entidad llamada "Països catalans" y que, sin tener ningún dato científico que lo sostenga, lo sostienen. Bueno, la ficción no es la realidad, pero entre ellas hay una relación dialógica y a veces pacífica (e incluso educada). Digo que es el único escritor en catalán que conozco porqué es el único que escribe y vive de escribir. Eso es un mérito tremendo. A mi, en este sentido, Bennasar me parece un héroe y un loco. Yo, por ejemplo, escribo. He publicado algunos textos en papel. No los cuento ni los recuento. Pero eso es  porqué no vivo de ello, ni creo que me gustase hacerlo. En realidad, espero no ser nunca un escritor. Espero no vivir jamás de la escritura creativa.

"Hotel Metropole" es otra aproximación al talento narrativo de Bennasar. Yo diría que el autor no durmió jamás en ese hotel lisboeta. Quizás estuvo ante la entrada, quizás incluso pisó el hall con sus zapatos (¿un 45?). Y de ahí nació esta historia de espías que es una historia bella, elegante, delicada, humanista. Se agradece todo eso en un autor que se dejó deslizar por la pendiente del género negro y del cinismo. "Hotel Metropole" no es novela negra. Es una novela con espías, sin ser una novela de espionaje.  Es una novela construida con anacronismos: ¿todas las épocas son la misma época?. Si Shakespeare es universal lo es porqué cuando habla de Macbeth habla de la ambición desmedida, si Homero es universal lo es porqué cuando habla del hombre que pretende volver a casa habla de todos los hombres y de que la vida es un intento, siempre fallido, de volver al hogar. A Bennasar le falta algo, aunque poco, para hablar de lo que es humano y universal. Le falta una vuelta de tuerca.

La literatura de espías, con espías, es una apuesta de riesgo. El otro día me dijeron que la novela de espías solo gusta a los hombres. Y a los hombres homosexuales. Sin entenderlo muy bien, creo que algo entiendo. En esos tiempos de hoy, en los que solo leen las mujeres, y en el que las mujeres se inclinan por el género policíaco, escribir una novela con espías es una osadía. Ante cualquier osadía, uno se inclina con respeto ante el osado que la acomete. A mi, John Le Carré me gusta mucho. Llevo 50 años creyendo que soy hombre heterosexual, pero quizás debo replantearme mi identidad.

"Hotel Metropole" me gusta y a la vez insisto en lo mismo: uno espera la novela de Bennasar. Con Bennasar me sucede lo contrario que con el otro mallorquín, el inefable Baltasar Porcel. Porcel escribió una primera novela magnífica ("Cavalls cap a la fosca") y jamás escribió nada que se pareciese a esa opera prima, ni de lejos. Lo demás es débil, genuflexo, pujoliano, prescindible. Bennasar parece prepararse para su novela una y otra vez. Yo, partidario más bien de la contención, no haría lo que él hace. Preferiría el silencio. Pero Bennasar parece seguir el consejo del malagueño genial: "que la inspiración te encuentre trabajando".

Sobre "Hotel Metropole" quiero decir algo más concreto: en el juego narrativo que emprende, Bennasar reincide en el uso de la segunda persona y debo decirle lo mismo que otras veces: el narrador que habla en segunda persona es original, pero es muy pesado. Dice el autor, en una entrevista que le leí, que él piensa que el narrador en segunda persona acerca al lector y lo implica, pero a mi se me hace insoportable y me invita a cerrar la lectura. La segunda persona es original, como lo es el uso del theremin en la música: sin embargo, nadie compuso una sinfonía para theremin. Y será por algo, digo yo. Ni Dostoievsky ni Faulkner usaron la segunda persona en el narrador: dicho esto, está todo dicho sobre la segunda persona.

Mi sensación es que Bennasar se acerca a su novela, se aproxima a ella en círculos, quizás en espiral, girando cada vez más cerca del centro. Pronto llegará a ella, o eso creo. O eso espero.

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